Vecinos, amigos y familiares reclamaron justicia para Viviana

24/09/13-.Los manifestantes se reunieron sobre la calle Sánchez, casi Picaflor, donde hasta su muerte vivía Viviana, a quien el pasado Sábado un Audi a 170 kilómetros por hora mató junto a Jacobo, un compañero de trabajo con el que iba en una moto.

La pregunta es bastante simple ¿qué se puede pedir cuando se ha perdido todo?

Justicia.

Eso es lo que reclamaban sus padres, familiares, amigos y vecinos.

Una acción, la de la justicia, que tienen más de un motivo para imaginar que no llegará, o que al menos costará bastante que llegue.

Es que la inseguridad parece ser un artículo de consumo para los que más tienen, ya que, si bien o se trata de un robo, o un hecho de violencia física como los cacareados por os medios a diario, no se puede soslayar que ser atropellado por un coche de alta gama a casi doscientos kilómetros por hora, ser abandonado, que el conductor escape y se entregue recién a las seis horas y que a los familiares de las víctimas se les avise doce horas después cuando todo ya ha pasado tiene al menos un tufillo de impunidad.
Viviana era un piba que laburaba, tenía una hija de cuatro años y vivía en el Barrio San José.

Todos los días viajaba hasta Flores, en la Ciudad de Buenos Aires donde fue asesinada.

Es curioso e indignante saber que lo más probable es que el asesino de esta piba y su compañero de trabajo no ira preso pese a haber matado a dos personas. Más indignante aún es saber que si nadie hace nada (es decir, si la familia no hace de esto una bandera) es muy probable que el conductor vuelva a tener su registro en un año o dos.

Es curioso, muy curioso, darse cuenta que las personas que reclaman mano dura para el ratero que se leva un celular permanezcan indiferentes ante quien se robó dos vidas.

El padre de Viviana reclama justicia y su rostro de trabajador, atravezado por las arrugas de la vida se ve inundado de las lágrimas que emergen rebeldes de sus ojos. Pide perdón por no poder decir más y nosotros, allí, impávidos, pedimos perdón en silencio por no ser capaces de hacer algo más, un poco más de lo que hacemos para que casos como este no vuelvan a ocurrir.

Para que la justicia sea definitivamente justa y para que despertemos de ese letargo que parece embargarnos, hipnotizados por los medios del poder, de los poderosos que nos dicen que está bien y que no lo está.

 
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